24/04/2019 · La contratación ha cambiado mucho, pasando de ser un proceso por el que los expertos en recursos humanos realizaban un detallado análisis de las tareas requiere el trabajo y de los atributos debe tener un buen candidato, para después determinar cómo encaja el trabajo en el organigrama y cuánto debería pagar, así como evaluar a los potenciales aspirantes en función de pruebas de habilidades, la verificación de referencias y/o pruebas de personalidad y de Coefinciente Intelectual para, ahora, pasar a gestionar candidaturas muy diversas –con un alto volumen de ellas- y que, a menudo, ni si quiere se trata de postulaciones voluntarias, sino que son las empresas quienes contactan con dicho talento, valorando de él algo más que su curriculum y experiencia y habilidades que más ligadas al ámbito social y a su capacidad de aprendizaje.
Según una reciente investigación llevada a cabo por Korn Ferry, cerca del 40% de las empresas estadounidenses ha subcontratado mucho, si no todo, su proceso de contratación, siendo ahora las redes sociales algunos de sus principales canales de difusión, aunque no los únicos. De este modo, las propuestas de empleo llegan ahora en multitud de formas y plataformas, siendo la persuasión una de las principales habilidades desarrolladas por los profesionales de recursos humanos para atraer al talento que las empresas necesitan, debido a la escasez de esos perfiles en el mercado. Un proceso de búsqueda que el análisis de datos ha facilitado, así como también la identificación de aquellos elementos más valorados por las nuevas generaciones y que permitirán –con su introducción en la propuesta de valor comunicada por la compañía- atraer su interés.
Pero la tecnología no sólo ha llegado para mejorar la identificación de talento, sino también para su selección. De esta forma, las sofisticadas herramientas digitales ya están permitiendo utilizar el reconocimiento de voz, el análisis virtual del lenguaje corporal o realizar un seguimiento de la actividad del aspirante en redes sociales para garantizar la adecuación del perfil al puesto de trabajo ofertado, así como trabajar de una forma más eficiente en la formación de dicho talento, una vez ha sido contratado.
Sin embargo, según un artículo publicado por Harvard Business Review (HBR), el gran problema con todas estas nuevas prácticas es que “no sabemos si realmente producen contrataciones satisfactorias”. De hecho, se destaca que “solo alrededor de un tercio de las compañías estadounidenses informan que monitorean si sus prácticas de contratación conducen a buenos empleados; pocos de ellos lo hacen con cuidado, y solo una minoría incluso realiza un seguimiento del costo y el tiempo de contratación”. Pese ello, este proceso sigue siendo la preocupación número uno de los CEO, según la encuesta anual más reciente llevada a cabo por Conference Board. También es la principal preocupación de toda la suite ejecutiva, según otro estudio realizado por PwC, que también informaba cómo la mayoría de líderes ven la falta de disponibilidad de talento y habilidades como la mayor amenaza para su negocio.
En un momento en el que el empleo para toda la vida ha dejado de existir e, incluso, de buscarse, debido al bajo nivel de permanencia que las nuevas generaciones registran en las empresas para las que trabajan y que, en el caso de los millennials se sitúa entre los tres y cinco años de media, hay estudios que revelan que sólo el 28% de los reclutadores informan hoy que los candidatos internos son una fuente importante de personas para llenar las vacantes de la empresa, “probablemente debido a un menor desarrollo interno y menos escalas profesionales claras”, aseguran desde HBR, que explican: “Una menor promoción interna significa que los esfuerzos de contratación ya no se concentran en trabajos de nivel de entrada y recién graduados”.
Junto a ello, el artículo señala que la retención de talento se ha vuelto igualmente difícil y así lo revelan los datos: el 95% de las contrataciones se realizan para cubrir las posiciones existentes y la mayoría de esas vacantes son causadas por la rotación voluntaria. En este sentido, HBR destaca los datos de LinkedIn, que indican que la razón más común por la que los empleados se fugan es debido a su escaso avance profesional, “que seguramente está relacionado con que los empleadores no promueven para cubrir las vacantes”, apunta los expertos. Por ello, HBR ha revelado los pasos a dar para mejorar la eficiencia en la contratación y limitar la marcha de talento de la organización: