Cómo será la conciliación laboral después de la pandemia del Covid-19

20/04/2020 · La crisis de Covid-19 ha juntado el trabajo y nuestra vida personal en un mismo espacio, tal y como ya experimentaban todos los trabajadores freelance que trabajan desde sus casas. Las implicaciones de esta modalidad de teletrabajo en casa han cambiado por completo nuestra rutina personal, y horarios de cuidado de los hijos, así como la cultura corporativa y la disponibilidad horaria laboral.

Durante décadas, los investigadores han descrito cómo las organizaciones se han construido sobre el modelo implícito de un "trabajador ideal": aquel que está exclusivamente dedicado a su trabajo, disponible las 24 horas del día y los 365 días del año, a aquellas urgencias que puedan haber en la empresa. Aunque se trate de un arquetipo poco realista en la práctica, sí que su imagen se asemejaba a la de un cuidador doméstico a tiempo completo.

Ahora bien, tal y como pone de manifiesto el Harvard Business Review en este artículo, con la llegada del Covid-19, y por lo tanto, del confinamiento, los modelos y necesidades de conciliación laboral se han transformado por completo. Solo por poner un ejemplo, hoy más de dos tercios de las familias estadounidenses están encabezadas por padres solteros o dos padres que trabajan a tiempo completo. Y con las escuelas y guarderías cerradas, el padre o madre trabajadora no puede desempeñar sus funciones de forma óptima simplemente porque combinar sus dos facetas a la vez es imposible. 

Desgraciadamente, si se quiere disponer de tiempo para el cuidado de los hijos, se suele pedir una reducción de jornada que tiene muchas más implicaciones aparte de disponer de más tiempo; una rebaja en el salario de forma palpable, y de forma más latente, este cambio puede venir acompañado de una pérdida de responsabilidad en la empresa, puesto que ya no se podrá ser ese ansiado 'trabajador ideal'.

De hecho, son muchos los estudios que lo avalan. Según los estudios, cuando los profesionales piden un retroceso en cuanto a sus horas, pidiendo viajar menos o flexibilizar su jornada, sus evaluaciones de desempeño se ven afectadas y es menos probable que obtengan una promoción. Y eso demuestra que, hasta ahora, solicitar flexibilidad en el lugar de trabajo generaba estigma profesional. Y esta expectativa del "trabajador ideal" es particularmente penalizadora para las madres trabajadoras, que suelen ser quienes renuncian en mayor medida a realizar una jornada laboral completa para cuidar de los hijos.

Es curiosos observar como los empleados están desproporcionadamente bien remunerados si se comportan como estos trabajadores ideales. Por ejemplo, las profesiones que absorben más tiempo como las finanzas, la consultoría y el derecho, donde abundan las semanas de 80 o 100 horas, se compensan mucho mejor la hora que las profesiones con una semana regular de 40 horas.

Todos somos trabajadores ideales

Desde que la revolución tecnológica llegó a nuestras vidas, y con ella, la llegada en masa de "trabajadores del conocimiento", la situación está cambiando, ya que este tipo de trabajos se pueden realizar desde cualquier lugar, sea una oficina física o el escritorio de nuestra casa.

Ahora bien, el hecho de ejercer desde casa parece que está afectando sobremanera a la difuminación de la jornada laboral. Incluso los profesionales menos valorados económicamente están viendo cómo reciben llamadas, emails o tareas por hacer fuera de su horario laboral, y dadas las circunstancias, por su inseguridad laboral, se ven con la obligación de llevarlo a cabo, convirtiéndose otra vez en esos 'trabajadores ideales' de los que hablábamos antes.

En medio de esta pandemia, los sanitarios, policías, empleados de las tiendas, los conductores de reparto y los trabajadores del almacén ahora también se ven obligados a ser "trabajadores ideales", con el riesgo añadido de exponerse al virus y por consiguiente, de poder contagiar también a sus familias.

Cada vez más surge la necesidad de redefinir nuesta forma de trabajar, atorgar más tiempo para pasar con nuestras familias y cuestionar el valor real de la jornada laboral de ocho horas (o más). Ahora es el momento de que las empresas den un paso atrás y reexaminen si su modalidad tradicional de trabajar existen por convención o bien por necesidad.

Se trata de revitalizar el debate de cantidad vs calidad, de una jornada laboral más larga vs una jornada más productiva. De la misma forma que los empleadores se están dando cuenta que sus empleados no pueden rendir más si no se les deja acomodarse a sus responsabilidades familiares, la duda que nos queda es: ¿Durará esa lección una vez que termine la crisis? Después de la pandemia, ¿podemos crear un sistema que se adapte a los trabajadores reales, ¿y no solo a los idealizados? Si es así, tenemos la oportunidad de salir de esta crisis con empleados más saludables y con organizaciones con mejor desempeño.

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