La universidad es clave en el futuro tecnológico

Pedro César Martínez Morán,
Director del Máster en Recursos Humanos
ICADE Business School

28/06/2018 · La formación siempre ha sido un elemento clave que garantizaba la empleabilidad del talento. Sin embargo, con el motor de la transformación digital a pleno rendimiento, modificando las estructuras tradicionales sociales, empresariales y académicas, y con el entorno VUCA - caracterizado por la volatilidad, la incertidumbre, la complejidad y la ambigüedad- impactando en las organizaciones en la actualidad, el aprendizaje continuo se convertido en algo obligatorio. En el caso de los profesionales, lo es para seguir estando a la vanguardia del conocimiento, especialmente cuando son muchos los expertos que apuntan a una importante desaparición de puestos de trabajo a raíz de la automatización. Respecto a las empresas, la formación continuada de sus profesionales es lo que les permitirá seguir siendo competitivas. Dos objetivos para los que las instituciones educativas –universidad y escuelas de negocio- son la única vía para lograrlo de una forma eficaz, aun cuando son muchos los expertos que reconocen la existencia de una brecha entre lo que las organizaciones demandan y el tipo de preparación con la que sale el talento. ICADE Business School ya ha comenzado a dar respuesta a éste último desafío, alineando su oferta formativa con los intereses y necesidades manifestados por los líderes empresariales, tal y como explica en éste artículo el Director del Máster en Recursos Humanos de la escuela de negocios, Pedro César Martínez Morán, quien además es experto en Finanzas Conductuales aunque ha desarrollado toda su carrera profesional en Recursos Humanos, en firmas como PSICOTE. Además, en la actualidad, es Socio Director de la consultoría TIC Amplia Telecomunicaciones, S.A.

Hace unos días leía un artículo de prensa que ponía en duda el valor de los títulos universitarios en el entorno de Silicon Valley. La contratación de personas sin titulación superior se asomaba como una estrategia novedosa de atracción de talento, siguiendo la estela que famosos promotores de la industria como Bill Gates habían dejado con su propio ejemplo. La capacidad de adaptación del conocimiento universitario a los entornos actuales se está perdiendo, argumentan los defensores de esta fórmula.

El factor más ponderado es el conocimiento técnico por encima de las habilidades interpersonales

Ante las necesidades crecientes que se dan en determinados perfiles profesionales, muchas empresas deciden apostar por talento joven sin graduación universitaria. La especialización permite este tipo de atajos en el conocimiento. Jóvenes, que desde su infancia se han adentrado en el manejo de dispositivos electrónicos, son reclutados para programar soluciones al servicio de la industria de las tecnologías de la información y comunicación en sus diferentes vertientes. Su proceso de selección se estructura sobre la base de examinar sus habilidades técnicas y, más concretamente, sobre su capacidad de realizar las tareas que luego se les va a exigir. El factor más ponderado es el conocimiento técnico por encima de las habilidades interpersonales.

Dicha apuesta no compite con la vocación universitaria. Es una alternativa concreta ante una situación y necesidades precisas. La Universidad persigue el desarrollo integral del futuro egresado y para ello cuenta con sus propios métodos de desarrollo.

La Universidad persigue el desarrollo integral del futuro egresado

El proceso de digitalización que está acometiendo la sociedad en su conjunto está modificando la estructura y los procesos de las empresas e industrias. Y con ello se varían los requisitos que se requieren de los nuevos candidatos. No solo se reclutan profesionales que tengan conocimientos y sepan manejar soluciones genéricas, sino perfiles que sean capaces de trabajar con algún software específico. Adicionalmente, se valora la tenencia de habilidades genéricas como visión global, flexibilidad, orientación a resultados o gestión de la incertidumbre. Sin olvidar las soft skills, puesto que se trabaja con y para personas. La gestión de las personas se hace vital para que una compañía tenga éxito.

En la actualidad, se están demandando perfiles ligados a la digitalización sectorial, la automatización de procesos, la capacidad analítica y el análisis predictivo, o el manejo de datos para formar parte de equipos de trabajo multidisciplinares. Además, la demanda es creciente en ciberseguridad, desarrollo de juegos y aplicaciones, Internet de las cosas, inteligencia artificial, robótica, realidad virtual, realidad aumentada, impresión 3D, o drones. Por sectores, cabe mencionar salud, bienestar, ocio, turismo, banca, finanzas o energía.

Tenemos profesores visitantes de otras escuelas y programas en colaboración con escuelas de negocio internacionales

La integración de conocimiento, actitud y comportamiento marca la diferencia. Esa es, por ejemplo, la misión de universidades como la Universidad Pontificia Comillas, que vela porque sus alumnos, además de conocimiento, asuman y difundan valores de solidaridad y ayuda a los demás. Rigurosa con el aprendizaje, abierta en su visión del mundo y sensible a valores humanos. Mantiene una colaboración estable con empresas españolas. Y nuestros titulados pueden tener una experiencia internacional gracias a la colaboración con empresas multinacionales. Tenemos profesores visitantes de otras escuelas y programas en colaboración con escuelas de negocio internacionales. Por estas razones, se promueve una visión global de la realidad en donde la diversidad de personas, culturas y contenidos sea pieza clave. El inglés es idioma de aprendizaje lo que facilitad la movilidad internacional, sin perder de vista al español dado el elevado número de alumnos extranjeros que cursan semestres o años completos en nuestros campus.

Los estudios de tercer grado facultan para el dominio de una serie de habilidades, actitudes y conocimientos. Permiten, además, afrontar situaciones de la vida cotidiana a través del manejo de competencias sobre resolución de problemas, pensamiento crítico, trabajo en equipo o gestión de las emociones. Los universitarios tienen que saber priorizar, adecuar los esfuerzos, hacer presentaciones frente a otros para resumir ideas complejas o persuadir hacia la toma de decisiones, pero también ayudar a otros compañeros y participar de actividades en su entorno.

La situación en España

El número de personas con estudios de nivel superior, a nivel global, se ha incrementado en los últimos años. Los indicadores de la Unión Europea (UE), OCDE y España así lo atestiguan. En nuestro país, en 2006 el 28,8% de la población entre 25 y 64 años tenía alguna titulación del grupo de Educación Terciaria, mientras que, diez años más tarde, el índice se alzaba el 35,7%, en línea con los datos de población de los países de la OCDE o UE.

En España, se matricularon 1,3 millones de universitarios en el curso 2016-17. Las mujeres predominan en ciencias de la salud y educación y los hombres en ingeniería y arquitectura. Un 41% de los españoles entre 25 y 34 años tiene título universitario frente al 40% de la media de la UE o el 43% de los países de la OCDE. La UE había definido como uno de los objetivos de su Estrategia 2020, el que al menos un 40% de los europeos entre 30 y 34 años hubieran alcanzado el nivel de estudios universitarios. A finales de 2017, se ha llegado al 39,9%. El crecimiento ha sido mayor entre las mujeres que entre los hombres, lo que implica, que el número de universitarias haya superado al de sus colegas masculinos.

Las mujeres predominan en ciencias de la salud y educación y los hombres en ingeniería y arquitectura

La sociedad, parece un hecho incuestionable, está afrontando cambios profundos en muchos de sus vértices. Al cambio social o demográfico le suceden avances en materia ambiental, de convivencia y de respeto a los demás, sea cual sea la condición étnica, sexual o de credo religioso de las personas implicadas. La conexión con las necesidades y perfiles demandados por las empresas también lo ha hecho. Las organizaciones también tienen que adecuarse a los múltiples cambios de su entorno, y el saber que proporciona la educación universitaria permite respuestas más ágiles y certeras a los desafíos que se presentan diariamente.

En este ámbito, las universidades como centros de conocimiento que llevan más de mil años educando y formando a jóvenes ofrecen su propio modelo de solución a los desafíos sociales. Han sido instituciones que se han desarrollado en conjunto con la sociedad porque forman parte de ella y, en muchos casos, sus fundaciones y sus alumni más exitosos devuelven a esa misma sociedad los éxitos que han cosechado en sus vidas profesionales y personales, invirtiendo en programas de ayuda a los más desfavorecidos o a los que no han tenido mejores oportunidades.

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