Las 7 emociones que marcarán la empleabilidad del futuro

23/04/2018 · El control socioemocional es un requisito cada vez más presente en las ofertad de empleo hoy día. De hecho, frente a dos candidatos con una misma formación, estas habilidades blandas o ‘soft skills’ pueden marcar la diferencia a la hora de ser el aspirante seleccionado, dados los beneficios que las organizaciones obtienen de ellas.

En la medida que la tecnología comienza a introducirse en las empresas y a dominar la ejecución de determinadas tareas, el apartado más emocional de la mismas se convierte en una fortaleza para los profesionales, a la hora de revalidar su presencia en las mismas. De esta forma, frente a la futura automatización de determinados procesos, surge en la capacidad de resolver problemas, de empatizar con las personas y de tomar decisiones, entre otras, una oportunidad para emplearse en el futuro tecnológico.

En esta línea, el Foro Económico Mundial, en su informe ‘El futuro de los empleos’, recogía recientemente algunas de las competencias que, se prevén, serán las “más demandadas por las empresas en el horizonte de 2020”. Algunas de ellas, según publica el diario El Mundo, hacían referencia a “la capacidad de resolver problemas complejos, el pensamiento crítico, la creatividad, la gestión de las personas, la coordinación con los demás, la inteligencia emocional, el juicio y la toma de decisiones, la orientación al servicio, la negociación y la flexibilidad cognitiva”.

De este modo, la autoestima, la disciplina, el control de la frustración, la responsabilidad o la capacidad de adaptación se convierten en herramientas claves para el progreso profesional. “Las empresas buscan personas con una serie de habilidades y el currículum académico cada vez cuenta menos”, confirma a El Mundo, Begoña Ibarrola, psicóloga y especialista en inteligencia emocional, que habla asimismo de una serie de habilidades emocionales básicas como el autoconocimiento personal o la empatía.

Asimismo, Ibarrola explica el impacto que éstas habilidades tienen para las empresas. Por ejemplo, ser capaz de ‘conectar’ con otras personas, permite impulsar la colaboración y el flujo de trabajo, pues ayuda a conocer cuándo hay que intervenir o cómo tratar con personas de otros países y culturas. También, tener un equilibrio de las emociones, facilita la reducción del estrés y la ansiedad, incrementa la competencia para trabajar en equipo y resolver conflictos.

En cuanto a las habilidades fundamentales a dominar son -además de la empatía y el equilibrio- el autoconocimiento, trabajo en equipo, resolución de conflictos, el entusiasmo y la autonomía. Además, cada vez son más las empresas que comienzan a dar importancia a otros elementos como la creatividad, la capacidad de adaptación o la humildad para aprender.

“Se pueden desarrollar las competencias técnicas en cualquier momento de la vida, pero las emocionales exigen un mínimo de entrada y aportan un plus profesional”, explica Ibarrola. “El analfabetismo emocional de la sociedad contribuye a explicar la prevalencia de casos de ansiedad, estrés, adicciones, violencia, conflictos o comportamientos de riesgo”, añade el artículo. De ahí que entidades sociales, empresas e instituciones se hayan puesto de acuerdo a la hora de impulsar determinados planes y programas que permitan a los jóvenes desarrollarse emocionalmente.

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