Formación Profesional, ¿una garantía de empleo en España?

22/01/2019 · España vive en una paradoja, ya que las empresas continúan identificando una escasez de talento y una dificultad para cubrir determinados puestos de trabajo, a pesar de los altos índices de desempleo que el país registra en colectivos claves como los jóvenes, donde en el caso del paro en menores de 25 años fue, en marzo de 2018, la segunda cifra más alta de Europa, con un 36,3% frente al 6,6% de Alemania, la más baja.

En su estudio ‘Solucionar la Escasez de Talento’, ManpowerGroup revelaba que el 24% de los directivos españoles declaraba tener dificultades para encontrar el talento adecuado a sus organizaciones, mientras que en el caso de las grandes y medianas empresas en España, dicha dificultad era registrada en 4 de cada 10 puestos.

Un problema que, a nivel global, era registrado por el 45% de los 42.000 directivos de Recursos Humanos encuestados (entre ellos, 1.000 españoles), lo cual suponía la cifra más alta desde que ManpowerGroup comenzó a realizar el estudio en 2006, hace 12 años. Cifra que se eleva hasta el 67% en el caso de las grandes empresas, a nivel internacional.

Con estos datos, uno podría caer en el error de pensar que en España existen grandes oportunidades de empleo, debido a una escasez de mano de obra. Sin embargo, las cifras de desempleo español registradas durante el pasado 2018, arrojan una situación paradójica donde, pese a registrar alta tasas de paro juvenil (cercanas al 30%), la brecha de talento se agranda en lugar de estrecharse. De hecho, según el estudio de ManpowerGroup, las empresas consultadas señalaban la falta de experiencia (29%) y de habilidades técnicas requeridas (29%) como los principales motivos para no encontrar el talento que necesitan.

Las causas que explican este desajuste son varias. Por un lado, hay quienes apuntan a una falta de sintonía entre los centros formativos formales e informales y las empresas, así como a una falta de agilidad de la administración para detectar y crear nuevos perfiles profesionales. También hay quienes dirigen el problema a una elevada polarización de la educación en España, asociada a la reducida apuesta de los jóvenes españoles por la formación técnica y vocacional que se adquiere a través de la Formación Profesional; y a una infravaloración de estos estudios frente a cómo son percibidas las carreras universitarias.

En este sentido, los expertos coinciden: no es que en España no haya talento o empleo para los jóvenes, sino una brecha en la educación y en cómo está concebido el sistema para garantizar la empleabilidad futura de estos profesionales. Tal y como publica el diario Expansión en un artículo, “la ocupación vinculada a ramas de la FP escapan a la dinámica del paro juvenil”, pese a ser unos estudios infravalorados socialmente.

Asimismo, el artículo destaca la existencia de una falta de, por ejemplo, “relojeros, técnicos de óptica, informáticos especializados en el manejo de grandes datos de biología, mecánicos y carroceros, operarios que puedan reparar un aparato de precisión cuando el cirujano está operando, electricistas, especialistas en transporte y logística capaces de agilizar y ahorrar en la gestión del comercio electrónico, técnicos en impresoras 3D para dar servicio en hospitales...”

Una necesidad confirmada al diario por Ana Ripoll, presidenta de Bioinformatics Barcelona (BIB), que señala: “Cada vez es mayor la necesidad de hospitales y centros de investigación en conseguir informáticos con conocimientos de biología”. Unos estudios que pese a registrar altos índices de inserción laboral, son escasamente cursados debido a la exigencia en la formación.

Por su parte, Monste Blanes, directora del Institut Bonanova, afirma al medio que “la FP no puede trabajar al margen del mundo laboral” y, de hecho, destaca la efectividad de la FP dual, que ofrece formación en el centro y en la empresa. Sin embargo, Expansión  expone una segunda problemática ligada a este tipo de formación: “la batalla que deben librar los padres que piensan que la opción de FP se elige desde el fracaso”. Una teoría que respalda Pilar Godinez, del Institut Joan Brossa, que explica cómo “muchos estudiantes se ven abocados a continuar unos estudios de tipo académico en la universidad por presión de los padres, a pesar de que ellos preferirían ya formarse en un trabajo concreto”.

Quizás una de las soluciones pase por anular los falsos mitos que circulan sobre la FP, como aquellos que vinculan a esta formación con una falta de oportunidades laborales y bajos salarios. No solo no son ciertos, sino que pueden dar acceso a ese trabajo que uno desearía tener. De hecho, “la demanda de personal cualificado en mantenimiento y electromecánica triplica la oferta”, según reconoce Vicenç Guerrero, del Institut Palau Ausit, al diario Expansión, con sueldos que además oscilan entre 1.800 y 2.000 euros mensuales, con la posibilidad de viajar y obtener pluses.

Asimismo, este experto denuncia otro problema importante en España: la falta de talento femenino formado en disciplinas digitales, una situación que también se repite en el caso de los grados tecnológicos. “Tenemos una alumna cada cuatro años”, se lamenta Guerrero.

Finalmente, Lourdes González, directora del IES Mercé, señala otra de las barreras a superar: la falta de alumnos en ciclos de alta demanda como es el grado medio en carrocería o de relojería. Además, Monste Blanes, directora del Institut Bonanova, también cita el problema de preparación con el que los jóvenes llegan a los centros. Así, según recoge el diario Expansión, en algunos ciclos, especialmente de grado medio, los alumnos llegan “con competencias básicas muy bajas, aprobadas in extremis, y eso hace pensar que hay que replantearse no solo el bachillerato sino también la ESO”.

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