En 2022, el 54% de los empleados necesitarán volver a formarse y mejorar sus habilidades

15/07/2020 · Con un mercado laboral cambiante e incierto a raíz de la pandemia del Covid-19, con unas empresas operando en entornos VUCA y en plena transformación y con una sociedad que ha invertido su pirámide poblacional y que debe enfrentar importantes desafíos económicos, sociales y ambientales como consecuencia de la globalización y de lo que algunos expertos ya llaman como la Cuarta Revolución Industrial, invertir en las personas nunca había sido tan importante, especialmente en impulsar su compromiso, implicación y desarrollo profesional.

El capital humano de un país se ha convertido en la llave para crear un mundo más equitativo, inclusivo y sostenible, de la misma manera que, en el caso de las empresas, el talento es ya un factor vital a la hora de determinar el éxito o el fracaso de muchos de los procesos de cambio que están acometiendo las organizaciones, con el objetivo de seguir siendo competitivas a largo plazo, mientras la competencia crece y el sector en el operan se vuelve mucho más complejo por la pandemia.

De este modo, la adaptación a los cambios que esta nueva era post Covid-19 y más digital pasa por apostar por las personas, que serán quienes deban de dar respuesta a los desafíos que el nuevo contexto plantea desde diversas perspectivas.

La formación, upskilling y reskilling, claves

Una apuesta en la que la formación juega un papel clave. Así, según destaca el Foro Económico Mundial, “la educación es y seguirá siendo fundamental para promover el crecimiento económico inclusivo y ofrecer un futuro de oportunidades para todos”.

No obstante, el Foro Económico Mundial también se hace eco de las presiones que la llamada Cuarta Revolución Industrial está ejerciendo en el mercado laboral, y que hacen necesario el aprendizaje a lo largo de toda la vida y la puesta en marcha de “iniciativas de revitalización” para garantizar que las personas sigan siendo empleables y, por ende, competitivas en materia laboral.

En este sentido, el "Informe sobre el futuro del empleo" prevé que la automatización supondrá la desaparición o cambio de 75 millones de empleos en 2022 y, a la vez, la creación de 133 millones de nuevos puestos de trabajo fruto de los avances tecnológicos y las nuevas formas de trabajar, que requerirán una estrecha colaboración entre las personas y las máquinas para satisfacer las demandas de los cambios demográficos y económicos. “Para darse cuenta de manera proactiva de los beneficios de estos cambios, al menos el 54% de todos los empleados necesitarán volver a capacitarse y mejorar sus habilidades para el año 2022”, han afirmado los expertos.

Los profesionales están infraformados

Pese a ello, y aunque las empresas y los profesionales están cada día más concienciados sobre la importancia de la recapacitación, apenas el 30% de los empleados en riesgo de desplazamiento laboral debido a los cambios tecnológicos recibieron formación el año pasado, mientras que los que están en mayor riesgo de ser sustituidos por las máquinas, a menudo, son los que tienen menos probabilidades de recibir algún tipo de reentrenamiento.

Un proceso que, según reconoce el propio WEF, requiere de una importante inversión y que, quizás, sea este el primero de los muchos obstáculos que tanto empresas como empleados deben superar. Ejemplo de ello es la inversión de 34 mil millones dólares que solo Estados Unidos deberá hacer para facilitar dicha transición a nuevos puestos de trabajo, al 95% de sus profesionales de alto riesgo.

Al respecto, el Foro Económico Mundial destaca: “Si las empresas trabajan juntas para crear economías de escala, podrían volver a capacitar colectivamente al 45% de los trabajadores en riesgo. Si los gobiernos se unen a este esfuerzo, podrían volver a reunir hasta el 77% de todos los profesionales en riesgo, mientras se benefician de los rendimientos de la inversión en forma de mayores impuestos y menores costos sociales, incluida la compensación por desempleo”.

No obstante, también se incide que “cuando las empresas no pueden cubrir los costes de manera rentable y los gobiernos no pueden brindar las soluciones por sí mismos, es imperativo recurrir a asociaciones público-privadas para que brinden beneficios sociales concretos y soluciones viables para los trabajadores”. Unas medidas que, según el WEF, “deben complementarse con un replanteamiento estratégico sobre cómo se regula el trabajo y qué áreas de creación de empleos podrían mejorar los beneficios sociales”.

En este sentido, desde la entidad proporcionan una plataforma para que estas alianzas ofrezcan con urgencia nuevas habilidades para la fuerza laboral de hoy, así como el diseño de la educación para la futura fuerza laboral.

De este modo, la iniciativa ‘Closing the Skills Gap’ (Cerrando la brecha de habilidades) sirve, según explican sus impulsores, como “una plataforma para enfocar acciones fragmentadas dentro de una misión global para abordar el desarrollo de habilidades orientadas al futuro, al mismo tiempo que apoya la colaboración constructiva público-privada en la reforma urgente y fundamental de los sistemas educativos y las políticas laborales para preparar mano de obra para el futuro de los empleos a través de programas específicos para cada país, intercambios globales y regionales de mejores prácticas y compromisos comerciales globales”.

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